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Cuatro actos, orquesta, estética mística y un despliegue escénico que ya ha desatado el fervor en el primer concierto de Rosalía

La catalana inaugura el LUX TOUR en Lyon con un show monumental que redefine el pop en directo 17 de marzo de 2026 a las 09:14 por Alba Alborch

Rosalía levantó anoche el telón del LUX TOUR en Lyon y confirmó lo que sus fans sospechaban desde hace meses: esta gira no es un concierto, es una obra total. La artista convirtió el recinto francés en un templo escénico donde música, danza, luz y narrativa se fusionaron con una precisión quirúrgica.

El ambiente era de acontecimiento desde horas antes. Fans llegados de media Europa llenaron el recinto con la sensación de estar presenciando el inicio de algo histórico. Y así fue.

Un espectáculo dividido en cuatro actos: ritual, fuerza y metamorfosis

La escenografía sorprendió desde el primer minuto. Rosalía emergió desde una estructura central que recordaba a una caja de música, marcando un inicio delicado y casi litúrgico. Telas blancas, plataformas móviles y una iluminación que oscilaba entre lo sagrado y lo terrenal dieron forma a un primer acto centrado en LUX.

El segundo acto viró hacia una estética más carnal y mitológica, con corsés, plumas, cuernos y una energía más física. Aquí sonaron algunos de los momentos más celebrados de su repertorio reciente.

El tercer acto transformó el escenario en un museo viviente, con un gran marco iluminado que convertía a Rosalía en una obra de arte en movimiento. El final recuperó la vibra callejera y juguetona de Motomami, cerrando el show con un estallido pop.

La orquesta, protagonista silenciosa

Tal y como insinuaban los ensayos y su actuación en los BRIT Awards, la orquesta tuvo un papel central. Situada en un espacio independiente dentro del recinto, funcionó como un segundo escenario. Rosalía se acercó a ella en varios momentos, reforzando el diálogo entre lo clásico y lo contemporáneo.

Un vestuario que cuenta una historia

El vestuario fue una auténtica metamorfosis:

  • Acto 1: estética etérea y casi infantil.
  • Acto 2: oscuridad, mitología y fuerza.
  • Acto 3: elegancia minimalista.
  • Acto 4: energía urbana y libertad de movimiento.

Cada look estaba diseñado para dialogar con la música y la narrativa del show.

Tal como adelantaban las fotos de ensayos, el ballet tuvo un papel protagonista. Rosalía incorporó gestos y movimientos inspirados en la danza clásica, reforzando la estética espiritual del espectáculo.

Las referencias a Maria Callas y Ruth Saint Denis se hicieron evidentes en la teatralidad, la gestualidad y la construcción simbólica del directo.

El misterio del lienzo en blanco

El famoso lienzo gigante apareció en escena, aunque Rosalía no reveló su función por completo. No pintó en él, pero sí lo utilizó como elemento escénico cargado de significado, dejando abierta la posibilidad de que su uso varíe en cada ciudad.

El repertorio combinó:

  • Todo el universo de LUX.
  • Éxitos de Motomami como SAOKO, La Combi Versace o G3 N15.
  • Clásicos de El mal querer como Malamente o Pienso en tu mirá.

No hubo invitados, pero tampoco hicieron falta: Rosalía sostuvo el espectáculo con una presencia escénica arrolladora.