De actuar en escenarios de tres metros cuadrados y hacer cuatro actuaciones por noche en Italia a construir una propuesta que combina sus raíces, el pop y la música latina. Ana Mena repasó este recorrido durante su participación en BIME Pro Bilbao 2026 y recordó cómo aquellos tres años en el sur de Italia fueron decisivos para descubrir su sonido.
Ana Mena contó que desde pequeña tuvo claro que quería dedicarse a la música. En su casa creció escuchando a su madre cantar flamenco y, desde entonces, entendió que quería convertir la música en su vida. También recordó el esfuerzo de su familia, que la acompañó a castings, audiciones, verbenas y ferias para que pudiera seguir cantando.
A los 11 años, interpretó a Marisol, una experiencia que consideró importante tanto a nivel personal como profesional. Además, aquel trabajo le permitió descubrir la relación entre la música y la interpretación.
Más adelante, a los 21 años, decidió trasladarse a Italia para buscar oportunidades. Allí pasó tres años recorriendo el sur del país y llegó a realizar cuatro actuaciones por noche, de media hora cada una.
Durante ese periodo también comenzó a grabar canciones en italiano, aunque inicialmente no dominaba el idioma. Después, estudió la lengua para poder comunicarse mejor durante su estancia.

Italia y el descubrimiento de su sonido
Según explicó, aquellos años fueron decisivos para descubrir un sonido en el que combina sus raíces, el pop y la música latina.
La artista también recordó las condiciones en las que trabajaba entonces: escenarios pequeños, dos bailarines y vestuarios que improvisaba pocas horas antes de cada actuación. Precisamente, esa experiencia le permitió comprobar cuánto disfrutaba del espectáculo y pensar en todo lo que podría hacer con mayores recursos.
Durante su participación en BIME Pro también habló de Pa ti toa<3 y de su colaboración con Lola Índigo. Además, destacó su admiración por artistas como Christina Aguilera, Britney Spears, Beyoncé, Shakira y Thalía, a quienes identifica como referentes capaces de cantar, bailar y actuar.
Hoy, aquella etapa en Italia forma parte del recorrido que Ana Mena sigue construyendo: una experiencia en la que trabajó, exploró nuevos sonidos y encontró elementos que después incorporó a su propuesta musical.